jueves, 4 de febrero de 2010

LA GUERRA PERDIDA

Fernando Belaunzarán

Siempre se ha sabido, discursos oficiales aparte, que la guerra declarada contra el narco no puede ganarse, que mientras sigua siendo un negocio tan lucrativo siempre encontrará la forma de subsistir, de infiltrar las instituciones del Estado, de corromper a funcionarios y policías, de tener a su disposición una base social extensa para reclutar y así sustituir al personal que fuera perdiendo, sea por acción de los cuerpos policiacos y militares o sea por enfrentamientos entre bandas rivales, y de encontrar nuevas rutas y estratagemas para ingresar sus productos a Estados Unidos. Sin embargo, lo que no parecía tan claro era que se saldría de control al grado de arañar los 20 mil muertos a la mitad del sexenio sin que haya la menor idea de a dónde nos dirigimos a no ser el desgaste institucional, la descomposición social y política, el desgobierno y la impotencia disfrazada de gesta heroica mediante una campaña mediática apabullante.

En otro ejemplo de misión imposible pretenden ocultar este rotundo fracaso con la peregrina idea de que los muertos son señal de éxito y muestra fehaciente de que, aunque usted no lo crea ni lo parezca, “la guerra se está ganando”. Y como, a pesar de que dicha tesis ha sido respaldada hasta por “estrategas militares” extranjeros, nomás no convence se hace uso del recurso barato de descalificar a los críticos: “Si no están de acuerdo con la estrategia del presidente, entonces pretenden que el Estado negocie con los capos de la droga”. Para defender lo indefendible se recurre una vez más al pobre pero muy socorrido pensamiento binario, rememorando el apotegma echeverrista: “o yo o el fascismo”, es decir, o lo que hace Calderón o la ignominia.

Condenarnos “al pensamiento Rambo” como línea fatal para enfrentar la fuerza del narco va a contracorriente de lo que está sucediendo en el mundo. Mucho se ha dicho y con razón que para que sea exitosa la estrategia que se tome debe ser global o, al menos, regional. Sin embargo, en este punto, Calderón está siendo más papista que el Papa, pues el país que inventó la guerra contra las drogas está llevando en su territorio una política más flexible e inteligente. En catorce estados de la Unión Americana, por ejemplo, se ha regulado la producción, distribución, comercialización y consumo de la marihuana, teniendo, por cierto, una sustancial recaudación impositiva. Paralelamente a ello se trabaja en las labores de inteligencia y seguimiento de los recursos financieros del narcotráfico, lo que ha permitido acciones policiacas de precisión como el que se hizo con los integrantes de “La familia” michoacana hace unos meses. Se reduce la ganancia al arrebatarle un producto, por cierto el que más se produce, consume y genera dividendos en México, y también la violencia, golpeando al crimen en donde más les duele que es en el bolsillo.

Considero innecesario y pernicioso negociar con las bandas de narcotraficantes o favorecer a una combatiendo a las demás. Sin embargo, sin acuerdo de por medio se les debe dar una opción para convertir el negocio ilícito en negocio legal y regulado por las leyes del Estado, pues si no tienen más camino que la rendición o el aniquilamiento es previsible que muchos decidirán persistir, escalando la confrontación violenta. Debe ser una puerta que se cierre una vez que se cruza. Los gangsters norteamericanos, después de abolida la prohibición, fundaron ciudades tan exitosas como Las Vegas y Atlantic City y nadie puede decir que en esos lugares no prevalece el Estado de Derecho y que la violencia se redujo sustancialmente con ese paso.

No hay más mercado más libre que el negro, pues sobre él no hay control de ninguna especie y el sobreprecio genera márgenes de ganancia estratosféricos. No hay manera de garantizar calidad o responsabilidad sobre el producto. Es falso que la droga no esté llegando “a los niños”, jóvenes y adultos. Simplemente que lo hace a costa de mucha sangre derramada y un negocio lucrativo de criminales desalmados. Por eso considero que se debe avanzar hacia la despenalización de las drogas acompañada de fuertes regulaciones y campañas muy ambiciosas de prevención y atención de adicciones, utilizando más recursos para educar, informar, concienciar a la población y tratar a los enfermos y menos al oneroso hoyo negro del financiamiento para armamento y operativos militares y policiacos sin fin. Estoy consciente de que los prejuicios morales de “las buenas conciencias” es un obstáculo para el necesario cambio de estrategia, pero cualquier paso que se pueda dar en la dirección correcta debe darse.

La masacre de jóvenes en Ciudad Juárez fue un acto calculado de terrorismo. No fue un ajuste de cuentas dirigido contra una o dos personas presuntamente vinculadas con actividades ilícitas –para las autoridades una fotografía en un teléfono celular de su dueño con un arma es prueba fehaciente- sino que premeditadamente mataron a quienes se les cruzaron en el camino y no hicieron mayores averiguaciones en su “modus operandi”. Es un claro mensaje: en esta guerra puede morir cualquiera, y no sólo, como el gobierno y sus intelectuales orgánicos pretenden hacer creer, los que están involucrados en el negocio.

Como buena parte de la planeación de esta “guerra contra las drogas” asigna un papel preponderante al manejo mediático de la misma, hay que estar atentos de que la legítima indignación por los hechos no lleve a las autoridades a caer en la tentación de fabricar culpables, presentar “chivos expiatorios” o, lo que también es muy común, culpabilizar a las víctimas para reducir la presión sobre el gobierno y generar en la opinión pública la idea de “ellos se lo buscaron”, sembrando la sospecha de que los muertos eran delincuentes.

No olvidemos que lo que inspiró esta guerra no es la idea de ganarla- nadie puede ser tan ingenuo- sino la de crear una bandera de legitimación y, en el ambiente bélico, promover la imagen de un presidente fuerte que no le teme a enemigos poderosos, proporcionarle un aura de héroe civil que no cede ante el crimen y está determinado a perseguirlo a pesar de los costos. Obviamente en Colombia tuvieron mayor éxito. Pero más allá de la inmoral estrategia de colocar la legitimidad y popularidad de un gobernante encima de una pila interminable de cadáveres de una guerra sin fin, lo cierto es que el Estado mexicano está haciendo agua y es necesario replantear la estrategia.

De paso...

Papelón. La diputada oaxaqueña Margarita Liborio demostró tanto su escaso nivel político y lingüístico como el enojo ulisista por la construcción de la alianza que encabeza Gabino Cue. Con insultos, bravuconerías y amenazas frente a los medios de comunicación, la susodicha legisladora recordó a la célebre “Pelangocha” que traía de bajada al cómico Pompín Iglesias. Para fortuna del legislador increpado, Guillermo Zavaleta, éste no puede ser jalado de los cabellos… No hay resquicio jurídico alguno para que la Suprema Corte de Justicia de la Nación declare inconstitucional el matrimonio entre personas del mismo sexo. Al contrario, con ello se cumple el artículo primero que prohíbe explícitamente cualquier tipo de discriminación por motivo de la preferencia sexual. En el colmo del absurdo, la PGR sin temor al ridículo se inconforma por un artículo que no fue reformado. Un error en la estrategia seguida por los diputados locales puso en el centro de la polémica el tema de la adopción cuando finalmente ésta no fue tocada por las modificaciones al Código Civil. Por supuesto, la Iglesia espera influir como poder fáctico sobra la decisión de los Ministros, pero, insisto, ni aunque quisieran hay elementos para echar abajo el matrimonio gay en la capital del país. Calderón, ha demás de poner en evidencia la sumisión de la PGR al presidente y la de éste frente a la alta jerarquía católica, está empedrando su propia derrota… Pocas cosas pervierten más la acción de la justicia que la necesidad mediática de los gobernantes para proyectar que se actúa eficientemente contra el crimen. Por eso se fabrican culpables, se criminaliza a los jóvenes, se responsabiliza sin pruebas a las víctimas de sus desgracia, se apresuran a mostrar culpables. Los arraigos electoreros de los alcaldes de Michoacán son un botón de muestra, pero también lo es el señalado en un principio como responsable del ataque a Salvador Cabañas que para su fortuna estaba preso y tenía una coartada perfecta, que si no… La izquierda mexicana cuenta sin duda con precandidatos fuertes y conocidos para el 2012; pero si lo que se quiere es tener posibilidades de ganar, entonces sólo tiene dos: José Woldenberg y Juan Ramón de la Fuente…

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